PSICOLOGÍA SOCIAL

El significado de la muerte, el proceso de duelo y sus rituales en diferentes culturas del mundo

Nuestras creencias culturales determinan el cómo enfrentamos la muerte de un ser querido.

Tal vez has oído hablar de la mundialización y la globalización como una de las formas modernas mezcla y conexión entre diferentes culturas. Y es que en cada pueblo, región o país tienen una tradición que forma parte de ese todo que denominamos cultura: religión, creencias, idioma y prácticas sociales.

Dentro de las creencias y tradiciones de cada cultura, en este artículo nos vamos a centrar en los ritos en torno a la muerte y los modos de asumir el duelo ante la pérdida de un ser querido.

Nos sorprendería mucho conocer qué diferente es la forma de vivir la muerte en cada una de las culturas. Pues en la cultura occidental, generalmente el duelo se vive de una forma dolorosa y trágica. Nos resulta muy complicado asumir la pérdida de un ser querido. Además, cuanto más cercano y mayor es el lazo afectivo que tenemos con nuestro ser querido, mayor es el dolor y sufrimiento que nos supone su pérdida.  

Tanto el proceso de duelo, como la forma de asumir el partir de un ser querido, como la forma de entender la muerte y los rituales asociados para la despedida del ser querido, son muy variados en las diferentes culturas de nuestro planeta.

Es curioso conocer cómo hay culturas donde la muerte guarda un significado completamente diferente al que nosotros conocemos desde nuestra cultura actual.

En este artículo te contamos cómo ha evolucionado nuestra cultura occidental a través de los siglos en relación a la muerte y cómo se vive la muerte en otras culturas del mundo, sus tradiciones, sus rituales y su significado.  Por último, terminamos con unas reflexiones sobre la vida y la muerte para que tratemos de comprender hasta qué punto las creencias e ideologías que forman parte de nuestra cultura sobre la muerte de un ser querido y el proceso de duelo, pueden determinar la forman en que vivimos el duelo y las emociones que sentimos ante muerte.

Oriente y Occidente: dos formas de entender la muerte

En la antigüedad clásica, el mundo occidental tuvo, con los griegos, otro modo de comprender la muerte distinto al actual, como morir para ascender hacia los dioses. Todo cambió estas creencias con la expansión del cristianismo en el mundo, pues, la conquista y colonización hispánica dejaron a los habitantes antiguos y originarios una cultura y una tradición menoscabadas. La expansión del imperio romano, luego del imperio español y hoy la americanización, hicieron posible estos acontecimientos.

Con el cristianismo, las creencias griegas quedaron de lado, y la muerte adquirió un matiz más sombrío. Si bien en los primeros siglos, luego de la muerte de Cristo, los teólogos cristianos retomaron parte de la filosofía griega para fundamentar las premisas de su religión, para nadie es un secreto que el Medioevo constituye uno de los momentos más oscuros de la historia de la humanidad.

Durante estos siglos, el pensamiento cristiano fue abiertamente alterado, hasta el punto de transformar la imagen de Dios en la de un ser punitivo, que no tolera el pecado y que tiene un lugar terrible preparado para los pecadores luego de la muerte. La noción de infierno y castigo, así como diversos acontecimientos históricos (pestes, masacres, hostigamiento) alteraron la noción de muerte y vida eterna, e incluso, la imagen de un Dios misericordioso que tiene preparado un paraíso para la estancia eterna luego de la muerte y, al contrario, instauró el sentimiento perpetuo de miedo, temor, culpa y vergüenza (Arango & Muñoz).

No obstante, la reforma religiosa de Martín Lutero en el siglo XV, trajo muchos cambios y de mucha repercusión al cristianismo, los cuales aún no se han detenido. Pero lo que ocurrió en el Medioevo, dejó muchas consecuencias en lo que C.Jung denomina el “inconsciente colectivo”, ya que las nociones de castigo y miedo a la muerte, continúan vigentes entre creyentes y no creyentes (Arango & Muñoz).

Por otro lado, en el mundo oriental, específicamente, en países asiáticos, la cercanía geográfica y política entre naciones, ha hecho viable que tendencias culturales y religiosas se asemejen. Tales los casos de India, China, Tíbet (región autónoma de China) y Japón, donde la forma de afrontar la muerte y vivir el duelo es bastante común, considerando sus orientaciones religiosas al confucianismo, el budismo, el hinduismo y la religión tradicional china, con iguales raíces etnoculturales. Lo mismo ocurre en países africanos.

Cultura del duelo en América del norte

Tras la hispanización sobreviven muchos mitos y leyendas cuyos orígenes residen en la cultura mesoamericana nahua: un pueblo precolombino (500 d.C) al que pertenecen los mexicas que hablaban el náhuatl.

Para el nahua la muerte es una unificación de la tierra y el cielo, creencia ésta basada en mitos y rituales. De acuerdo a Arambarri (2015) los rituales postmortem tenían el fin de encaminar el "alma" hacia el espacio-tiempo que le correspondía y, a su vez, les permitía a los dolientes “dirimir catárticamente el dolor”.

En la leyenda de Quetzalcóatl, la serpiente alada une cielo y tierra, dándonos una medida de la trascendencia, que es un renacer: “El más allá esperado no es cruel ni condenatorio, pues para ellos lo más importante era cómo morir, y la trascendencia y la continuidad dependen de esto” (Villaseñor-Bayardo; Aceves Pulido, 2013).

Ahora, el “cómo morir” venía dado por los diferentes roles o desempeños de cada habitante nahua, y en este orden había muertes que se consideraban “nobles y gloriosas”, como, por ejemplo, morir en la guerra, en el sacrificio y en el parto.

La muerte en situación de guerra (xochiyaoyotl o guerra florida), se sucedía tras acuerdos entre pueblos nahuas para la organización de combates cuyo fin era capturar prisioneros y ofrecerlos en sacrificio a sus dioses.

Existía una muerte en el techcatl o piedra de los sacrificios donde, de acuerdo a Patrick Johansson, “los muertos en el combate o en la piedra sacrificial, así como las mujeres muertas en un primer parto se festejaban cada día, ya que los primeros llevaban el sol desde el oriente hasta el cenit mientras que las segundas lo bajaban del cenit al poniente.

La subida o bajada de lugar del sol por parte de muertos guerreros y parturientas, hacía que esas muertes fuesen nobles y gloriosas, como aquellos que hoy mueren cumpliendo su deber y, sin duda, esto le otorga un valor trascendental a la muerte.

Así mismo, Patrick Johansson, nos relata que “el comportamiento luctuoso de las esposas de los guerreros tiende a exorcizar la muerte”. El primero periodo luctuoso dura cuatro meses “y es de índole catártica para que el dolor pueda reventar el "absceso" en ochenta días”. El segundo, de cuatro años, es de “tipo escatológico, y facilita al difunto irse al lugar que le concierne”. Pero lo relevante de estos rituales es la separación del fallecido de los vivos para llevarlo al inframundo, concretándose así la catarsis de los dolientes o el alivio del dolor.

Así mismo, para el pueblo mexicano no era igual morir de niño que siendo adulto. En el caso de los niños o “muertecitos”, como los llamaban, Patrick Johansson asegura que “los niños que habían muerto cuando todavía estaban mamando iban a un lugar específico, probablemente situado dentro del Cincalco o Chichihualcuauhco; "el lugar del árbol de los pechos” y allí podían alimentarse de ese néctar.

En Teotihuacan (pueblo de dios), los muertos “no morían, sino que despertaban de un sueño y comenzaban a vivir de nuevo”, por lo que lo muertos convertidos en dioses salían victoriosos del inframundo.

La no existencia era cantada por los tlamatinime (sabios) y los poetas, haciéndose preguntas como: “¿Por qué el hombre es pasajero?” las respuestas eran: sólo venimos a dormir. Sólo venimos a soñar: No es verdad, no es verdad que venimos a vivir en la tierra (…) No vivimos en nuestra casa aquí en la tierra (Duverger, La Flor letal c.p Villaseñor-Bayardo; Aceves Pulido, 2013).

Entonces, hemos visto que los nahuas convivían con la muerte y supieron extraerle su vitalidad: la transformación.

Después de la Conquista, las celebraciones de Todos los santos y de los Fieles difuntos se integraron al calendario cristiano, y se realizaban en las colectividades indígenas catequizadas.

Funerales de jazz en New Orleáns

New Orleáns en el estado de Louisiana en Estados Unidos de América, tiene una cultura sincrética y es la cuna del jazz y el blues.

Antes de la primera gran guerra se celebraba el funeral del jazz que consiste en una marcha de bandas de jazz donde se convoca a celebrar la vida del ahora fallecido, y una vez enterrado el cadáver, o cremado, la música se vuelve más animada que al inicio cuando es lenta y espiritual, la gente baila para elogiar al difunto.

En la década del sesenta, se hizo popular esta tradición, y en 2005, cuando New Orleáns fue devastada por el huracán Katrina, el pueblo le rindió tributo a sus muertos y a su ciudad destruida en un 80%, con la fuerza de sus habitantes, sobrevivientes, buscaron mediante festivales de jazz, apoyar su reconstrucción: “Tenemos capacidad de resistencia y de respuesta a la adversidad. Esta tragedia provee una oportunidad para que las personas americanas nos demostremos a nosotros mismos y al mundo que somos una nación determinada a sobreponernos a las injusticias” (Ochoa Gautier, 2006).

Así, cuando muere un músico, la procesión marcha al compás de un lamento instrumental: “se hacen sonar las primeras notas del renacimiento que le sigue con trompetas y trombones” (Ochoa Gautier, 2006).

La muerte en Asia: China, Tíbet, Japón e India

El duelo en estos países comienza a preparase prácticamente, desde la infancia. La lectura de El Bardo Thödol o Libro Tibetano de los muertos que, como todo el libro, “es creado a partir del contenido arquetípico del inconsciente” (Jung), es un manual de ayuda al difunto para irse de este plano hasta reencarnar. Son cánticos recordatorios, hechos por un maestro quien va diciéndole al muerto cómo debe transitar durante 49 días los tres bardos.

Estos actos ayudan a los familiares en la despedida y en el duelo, confiados en que el fallecido reencarnará. La cultura budista e hinduista se basan en las enseñanzas de distintos maestros, en especial de Siddartha Gautama, para quien el desapego de este mundo “es la única forma de trascenderlo para no vivir encadenado a las necesidades que esta realidad nos impone” (Villalba, 2019).

Las futuras reencarnaciones estarán determinadas por las acciones, conciencia, y presencia con las que actuemos en esta vida. La supratemporalidad del alma planteada en el Bardo Thödol, de acuerdo a Jung, en su prólogo a la 3ra edición inglesa, se refiere a alcanzar el intelecto vacío del difunto porque: “Tu consciencia no tiene nacimiento ni muerte, pues es la Luz inmutable”. El Bardo Thödol “le aclara al difunto la primacía del alma”, dice Jung, ayudándole a alcanzar la liberación de las cosas dadas.

No obstante, Jung nos señala que “las Misas católicas por el alma tienden expresamente al bienestar psíquico de los difuntos, y no son una mera complacencia de sentimientos lacrimosos”.

La muerte en pueblos africanos: Ghana

Al contrario de individualismo clásico de diversas sociedades occidentales, los ghaneses optan por preservar la unidad a través de la desaparición de la idea de “individuo”. Esto se manifiesta a través de los estrechos lazos que los integrantes de una familia sostienen entre sí, inclusive luego de la muerte de alguno de sus miembros.

Barou (2010) indica que “incluso ya siendo cadáver, continúa perteneciendo a la familia”, por medio de rituales que sus allegados realizan para mantener cerca al difunto; por ejemplo, vestirse con su ropa, imitar sus ademanes y honrar su vida destacando sus atributos.

Para los ghaneses, la muerte no es el final de la vida, sino más bien un momento más del ciclo vital, una transición para las almas que luego reencarnarán: “se esfuerzan ante todo por hacer que la muerte les sea familiar, por integrarla al ciclo de la vida, por hacer de ella una etapa de ese ciclo”.

De esta forma, la muerte es un momento de celebración donde, continuamente, una parte del alma reencarnará en otra persona. Parte de la celebración se da a través de la construcción de féretros personalizados que representen una parte importante de la personalidad del difunto, así como realizar bailes y recitar canciones en su honor. De hecho, esta tradición se hizo viral este año 2020 cuando diversos vídeos de un famoso grupo de hombres ghaneses, bailaban, cantaban y celebraban con el ataúd de un fallecido en hombros.

Los muertos permanecen entre los vivos: Indonesia

Para algunas culturas, puede ser una locura escuchar que luego de muerto, el familiar permanece en la casa como si aún continuara vivo, sin embargo, en la actualidad, en la región de Tana-Toraja en la isla Célebes (Indonesia), los muertos pueden permanecer en la casa durante años.

Para esta etnia, la vida se trata de una preparación para el regreso al puya, el mundo de sus ancestros y la tierra donde viven y descansan las almas. Entonces, es motivo de felicidad saber que sus familiares difuntos regresarán al lugar de donde todos ellos provienen. Pero, para que este paso sea efectivo, se deben realizar una serie de rituales: la matanza de búfalos para dar de tributo al Dios, y así acompañar al fallecido en su viaje.

Cada familia debe ahorrar para costear esta tradición, ya que los búfalos son animales costosos. Pueden pasar meses o años mientras la familia ahorra, y durante ese tiempo el difunto permanece en su ataúd, en un cuarto de la casa (embalsamado con hierbas y aceites naturales para su preservación), hasta que se pueda pagar el ritual y continuamente el entierro, el cual se celebra con grandes cantidades de comida y bebida.

Mientras el fallecido permanece en casa, no se le considera muerto, sino más bien “gravemente enfermo”, lo cual reafirma la idea de que continúa siendo parte de la familia. Luego del entierro, los familiares visitan al difunto los años siguientes, lo desentierran para saludarle y “conversar”, le cambian el ropaje y reparan el ataúd en caso de que esté deteriorado por el tiempo.

Un cambio de existencia: Antigua Grecia

La Grecia antigua fue una de las sociedades más ricas en cultura, mitos y leyendas acerca de temas sociales y éticos. Dentro de esta gran variedad de costumbres, una de las más resaltantes es la religión Órfica, ilustrada por Platón en sus diálogos.

La primera mención importante que realiza el filósofo sobre la muerte ocurre en Fedón, cuando Sócrates espera pacientemente su juicio, en un calabozo junto a sus discípulos. Estos últimos lloran y se lamentan por su maestro, pero Sócrates más bien se encuentra feliz de atravesar el umbral de la muerte.

Si bien Platón utilizó diversos elementos del orfismo para fundamentar su epistemología, ética y ontología, ilustró de forma excepcionalmente bella, cómo esta religión comprendía la muerte, la cual no era considerada el final de la vida sino el paso a una nueva forma de existencia.

Para el orfismo el alma es inmortal, por lo cual sobrevive a la muerte del cuerpo y continúa existiendo en el más allá: cuando el alma se desprende del cuerpo, asciende al reino de los dioses, y dependiendo de su grado de pureza, puede o no, permanecer con ellos por la eternidad. Si el alma, en vida terrenal, no se dedicó a su purificación, entonces deberá regresar a la tierra y reencarnar en un nuevo cuerpo.

No existía mayor alegría para los griegos de la antigüedad, que vivir junto a los dioses, por lo cual dedicaban su vida a la purificación de su alma, esperando pacientemente por el beso de la muerte, y así ser dignos de existir con los dioses por la eternidad. Esta purificación solo ocurre si las personas se dedican al entrenamiento intelectual, el aprendizaje, la enseñanza, la práctica de la amabilidad, el respeto y la bondad. 

Finalmente, todas estas formas de comprender la muerte desafían la creencia común de que debemos temerle a la misma, en lugar de verle como una fase o etapa del ciclo vital que así como tiene un inicio, también tiene un final. Para Martín Heidegger (Verneaux, 1984), la muerte es un modo de ser que le da sentido a la vida en tanto representa su límite y les permite a las personas tomar consciencia de su efímera existencia. Concluimos con las maravillosas palabras de este filósofo:

No tenemos ninguna experiencia de la muerte: ni de la muerte de los demás, pues ella les es absolutamente propia, ni de la nuestra, pues ella es nada. Pero tenemos una experiencia del morir, que se confunde con la experiencia de estar en el mundo, con el sentimiento de la situación originaria, pues es una sola y misma cosa el estar en el mundo y el estar destinado a morir”.

 

Referencias bibliográficas

Arambarri Gómez (2015). El sacrificio humano entre los aztecas. (Trabajo Fin de Grado). Universidad del país vasco. Disponible en: https://core.ac.uk/download/pdf/84679026.pdf

Arango, G. y Muñoz, H. (s.f.). Sentido Cristiano de un Problema Humano: La Muerte. Facultad de Teología de la Universidad Javeriana de Bogotá, 41-53.

Barou, J. (2010). La idea de la muerte y los ritos funerarios en el África subsahariana. Permanencia y transformaciones. Trace. Travaux et Recherches dans les Amériques du Centre, 58 (1), 125-133.

Patrick Johansson (s/f). Día de los muertos en el mundo náhuatl prehispánico, pp. 167-203. Disponible en:  http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn34/678.pdf

Jung (2012). Comentario de C. Jung al Bardo Thödol (Según la versión inglesa). Anier Edneud ~ En el Laberinto. Disponible en: https://edneudanier.wordpress.com/2012/05/13/comentario-de-c-jung-al-bardo-thodol-segun-la-version-inglesa-de-r-f-c-hull-del-das-tibetanische-totenbuch/

Ochoa Gautier (2006). Nueva Orleáns, la permeable margen norte del Caribe. NUEVA SOCIEDAD, 201.  pp. 61-72. SSN 0251-3552, Nº. 201 (ene-feb).

Platón (2000). Fedón, Banquete y Fredo (Vol. III de Diálogos). Tradc. C. García Gual, M. Martínez Hernández y E. Lledó Íñigo. Madrid, España: Biblioteca Clásica de Gredos.

Román, M. (2007). La muerte en el mundo clásico. Espacio, Tiempo y Forma, 2 (1), 331-355.

Segunda Asamblea General de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo (1995). Documentos de los teólogos asiáticos. Revista Latinoamericana de Teología, 7-14.

Verneaux, R. (1984). Lecciones sobre existencialismo. Buenos Aires: Argentina. Club de Lectores.

Villalba Álvarez (2019). Encuentro permanente con la impermanencia finita: Un dialogo de la muerte como instrumento constitutivo de la palabra. (Tesis). Universidad Nacional Abierta y a Distancia – UNAD. Bogotá

Villaseñor-Bayardo; Aceves Pulido. (2013). El concepto de la muerte en el imaginario mexicano. Revista de Neuro-Psiquiatría, vol. 76, núm. 1, 2013, pp. 13-18. Universidad Peruana Cayetano Heredia. Lima, Perú. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=372036943003.

 





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